domingo, 3 de enero de 2010

Peregrinando...

El año que empezamos hace unos días, además de ser el año de la Diversidad Biológica o del Acercamiento de las Culturas, es el Año Xacobeo, acontecimiento que no volverá a repetirse en 11 años. Por eso, estos días hemos podido ver imágenes de Santiago de Compostela y del Camino en prensa y televisión. Ante esto, me vienen a la mente los momentos vividos allí, las veces que lo he hecho, sin ir más lejos en verano de 2009.

Pero empecemos por el principio: el año pasado hice una promesa: si aprobaba la oposición haría el Camino de Santiago; bueno un tramo, no veía mi forma física muy adecuada para hacerlo entero así que pensé en repetir el tramo O Cebreiro – Santiago de Compostela. El siguiente paso fue buscar compañía, tampoco me veía preparada para hacerlo sola, y fue fácil, MacGyver aceptó a hacerlo conmigo. Así que, lo primero fue preparar el equipo y, solo os digo que Quechua es la marca del peregrino, y una vez listos allí nos plantamos.

La cosa empezó dura, y en la primera etapa ya estaba pensando: “Dios mio, ¿por qué no habré prometido otra cosa?” Pero había que acabarlo y gracias a los ánimos de MacGyver y de los demás peregrinos, seguí y seguí caminando.

Durante estos días de peregrinación, conocimos a bastante gente, con unos andamos tramos, con otros nos cruzábamos casi a diario y varias veces al día, con otros compartíamos habitación en el Albergue y con otros, simplemente, el encuentro era fugaz, pero, al fin y al cabo, nos unía el Camino, el cansancio, la perseverancia, los dolores musculares, las ganas de entrar en la Plaza del Obradoiro y contemplar por primera vez la Catedral consagrada al Apóstol Santiago y, con algunos, además, el motivo religioso de la peregrinación.

En realidad, no sé que tendrá el Camino, pero te atrapa. Si lo haces una vez, quieres volver. Será la historia que guardan sus piedras, el entorno natural que te acompaña hasta el final, la diversidad cultural y nacionalidad de la gente que te encuentras, las historias personales de cada una de los peregrinos, la majestuosidad de la Catedral o la espiritualidad que se respira. No lo sé. Pero, a pesar de lo mal que lo pasé, especialmente cargando con la mochila, me gustaría repetir.

Os animo a todos a hacer un tramo, o al menos, ir a Santiago y respirar el ambiente peregrino, porque de allí se vuelve nuevo y enriquecido personal y culturalmente. Quizás durante el Camino, el cansancio te impida darte cuenta de todo o te impida meditar, pero aún así a la vuelta pasan por tu mente todos esos momentos, buenos y malos, siguiendo el Camino en ti para siempre. Además, hay marcas que cada día te recuerdan que algo ha ocurrido en tu vida: en mi caso estoy cambiando las uñas de los dedos gordos de los pies, pero, al fin y al cabo, no hay sacrificio sin dolor o, más coloquialmente, sarna con gusto no pica.